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Financiar la salud antes de enfermar: el reto del prepago y la protección financiera en América Latina, según Eduardo González Pier

Financiar la salud antes de enfermar: el reto del prepago y la protección financiera en América Latina, según Eduardo González Pier

Caída en vacunación, cambio climático y migración, reconfiguran el mapa de las infecciones, alerta Claudia Cortés

Tras el Covid-19, muchas personas tienen la sensación de que los virus y bacterias “andan descontrolados”: más infecciones respiratorias en invierno, brotes de sarampión, influenza que regresa cada año y alertas por tosferina o tuberculosis. En Salud en Serio, Maribel Ramírez Coronel y José Luis Cárdenas, conversaron con la Dra. Claudia Cortés, especialista en enfermedades infecciosas y medicina interna y profesora titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quien explicó que no se trata de una sola causa, sino de una sobreposición de factores que se encadenaron tras la pandemia.

Cortés señaló que el Covid dejó dos efectos simultáneos. El primero, positivo: la población incorporó un nuevo lenguaje —“virus”, “transmisión”, “PCR”— y hoy está mucho más alerta. El segundo, problemático: durante el periodo de encierro y la atención concentrada en Covid, “nos despreocupamos de lo demás”. Eso se reflejó en un fenómeno que la infectóloga considera clave: cayeron las tasas de vacunación tanto en niños como en adultos, incluidas personas inmunosuprimidas. El resultado es un grupo de población con coberturas incompletas frente a enfermedades prevenibles, lo que ayuda a explicar el regreso de brotes como el sarampión.

“Bebés Covid” y virus fuera de temporada

Otro punto que destacó la especialista es que los niños pequeños que nacieron durante la pandemia —a quienes llamó “bebés Covid”— tuvieron menos exposición a infecciones habituales porque no asistieron a guarderías o escuelas, espacios donde normalmente se adquieren los primeros virus respiratorios. Esa menor exposición pudo traducirse en un sistema inmunológico “menos entrenado”, un tema que, dijo, hoy se está estudiando.

Cuando se levantaron las restricciones, los virus retomaron su circulación, pero con comportamientos inusuales. En Chile, explicó, se observó con claridad que se desordenó la temporalidad típica de los virus: el “orden” esperado —por ejemplo, primero influenza y después virus respiratorio sincicial— cambió. Eso ha derivado en brotes en épocas no habituales, lo que incrementa la percepción de mayor riesgo y obliga a mantener vigilancia.

Calentamiento global, viajes y migración cambian la epidemiología

Cortés subrayó que el escenario postpandemia se combina con transformaciones de fondo, entre ellas, el calentamiento global, que altera la presencia y expansión de vectores (mosquitos e insectos) capaces de transmitir enfermedades que antes no se veían en determinadas zonas geográficas. A eso se suma la facilidad de viajar: subir a un avión es hoy mucho más accesible que hace décadas, y las personas “viajan con sus virus, bacterias y hongos”.

En América Latina, añadió, hay además un factor estructural: la migración. Flujos provenientes de distintos países y rutas regionales han modificado la epidemiología local, incluyendo retos específicos como la vacunación de población migrante y la recuperación general de coberturVIHas.

Un cambio que no se revertirá rápido

Ante la pregunta de si esta situación “llegó para quedarse”, la infectóloga fue cauta: predecir el futuro es difícil, pero estimó que son cambios de largo aliento. Mejorar factores como el cambio climático exige acuerdos globales, y los temas migratorios están atravesados por decisiones políticas. Por ello, advirtió que “no vamos a volver al pasado muy rápidamente” y que será necesario reforzar cuidados para evitar contagios, además de recuperar la prevención que se debilitó en la pandemia.


Salud global en tensión: menos financiamiento, más incertidumbre

La Dra. Cortés también abordó un tema que, a su juicio, está estrechamente ligado al control de brotes: el financiamiento internacional para investigación, desarrollo de vacunas y monitoreo.

Describió el panorama como “bastante complejo” y recordó que uno de los grandes financiadores de investigación y recursos de salud pública en América Latina ha sido el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, afirmó que con el nuevo gobierno iniciado “hace un año” hubo cortes presupuestarios importantes que han afectado directamente a proyectos, incluidos los suyos, hoy “suspendidos” y sin certeza de continuidad.

Entre los ejemplos, mencionó el impacto en programas vinculados al VIH, como PEPFAR, una iniciativa que aporta recursos para prevención, educación, diagnóstico y tratamiento. Cortés indicó que su suspensión en distintos lugares puede traducirse, con el tiempo, en consecuencias serias: las infecciones no respetan fronteras y lo que se agrava en una región termina repercutiendo en otras, incluso con riesgos como aumento de casos o resistencia a antivirales.

A este escenario se suma, dijo, que Europa no ha compensado el déficit: sus recursos se han reorientado más a defensa en un contexto de guerra. Además, en la propia región latinoamericana observó que en algunos países se están debilitando políticas e instituciones de apoyo a la investigación.

Frente a ello, la comunidad científica discute alternativas. Cortés señaló que la primera propuesta es que los países avancen hacia mayor autosustentabilidad, aunque reconoció que para muchos Estados latinoamericanos eso es difícil por limitaciones presupuestales. Por eso, planteó como vía realista fortalecer la integración regional y la colaboración entre países y laboratorios, compartiendo recursos y tareas de investigación, aunque advirtió que muchas veces estas gestiones dependen de decisiones políticas.


VIH en América Latina: tratable, pero con brechas de acceso y estigma

Sobre el VIH, Cortés matizó una frase frecuente: “el VIH ya no mata”. Dijo que puede ser totalmente cierta o totalmente falsa, dependiendo del país y del acceso a prevención y tratamiento.

Explicó que hoy existen herramientas preventivas altamente eficaces —como fármacos de larga duración que reducen drásticamente el riesgo de adquirir el virus— pero son de altísimo costo. En América Latina, señaló, Brasil sería el único país con posibilidad de acceso amplio a ciertas opciones, mientras que en el resto de la región la brecha económica es un obstáculo.

En tratamiento, indicó que para muchas personas el VIH puede manejarse como una enfermedad crónica: con acceso a diagnóstico, seguimiento y una pastilla diaria, la expectativa de vida puede ser comparable a la de la población general. El problema es que no todas las personas en el mundo —ni en la región— acceden a tiempo: en América Latina, dijo, se llega tarde al diagnóstico y en una proporción importante los casos se detectan cuando ya están avanzados, lo que aumenta el riesgo de hospitalización, infecciones oportunistas y muerte.

A esto se suma un factor social determinante: el estigma y la discriminación. La infectóloga sostuvo que “el estigma mata mucho más que el virus” cuando expulsa a las personas de redes familiares y laborales, o frena la búsqueda de atención. También señaló la relación entre violencia contra la mujer y mayor riesgo de adquirir VIH, un problema especialmente relevante en una región con altos niveles de violencia de género.


Resistencia antimicrobiana: el “tsunami” que avanza

Además de los virus, Cortés puso el foco en una crisis que considera inevitable si no se actúa: la resistencia antimicrobiana, impulsada por el uso masivo e injustificado de antibióticos.

Explicó que el mecanismo es similar a la selección natural: cuando se usan antibióticos, algunas bacterias sobreviven, mutan y se reproducen. Con el tiempo, el antibiótico deja de funcionar. El riesgo, advirtió, es “quemar” las opciones disponibles y enfrentar infecciones cada vez más difíciles de tratar.

En América Latina, dijo, el problema se agrava por la autoprescripción y la venta informal, además del uso extendido de antibióticos en la agroindustria. También subrayó una barrera de mercado: la industria farmacéutica tiene menos incentivos para desarrollar nuevos antibióticos, porque se usan por periodos cortos, a diferencia de tratamientos crónicos.

Aun así, Cortés sostuvo que la resistencia sí puede frenarse con acciones sostenidas:

  • Educación para evitar antibióticos en resfríos y gripes (de origen viral).
  • Higiene de manos y medidas preventivas simples.
  • Más vacunación, porque menos infecciones virales reduce la automedicación con antibióticos.
  • Control estricto de venta y prescripción.
  • Incentivos a la investigación y enfoque de “Una Salud”, que integra salud humana, animal y ambiental.

Un llamado a educar también al personal de salud

Para cerrar, la especialista insistió en que la prevención no es solo tarea del público. Los médicos, enfatizó, necesitan tiempo y herramientas para explicar por qué no siempre se requiere un antibiótico. Prescribir puede tomar segundos; educar toma más, pero evita resistencias futuras y protege a la comunidad.

En suma, Claudia Cortés planteó que el mundo postpandemia exige recuperar vacunación, reforzar prevención y sostener la investigación en un contexto donde los patógenos circulan con mayor movilidad y donde las decisiones políticas también terminan influyendo en la capacidad de respuesta sanitaria.